Después de unas largas vacaciones, que resultaron más largas que vacaciones, aquí me tienen, actualizando nuevamente el barquito.
Fue un tiempo intenso de cosas buenas y malas. Como siempre, bah...
Entre las cosas buenas, la más destacable fue cumplir un año de amor. Contra viento y marea seguimos felices y dándole para adelante.
Entre las malas, algunas muertes que me voltearon un poco.
La última noticia de muerte fue algo raro, porque no se trató de un afecto, de alguien de toda la vida, ni siquiera de un amigo... sin embargo me dolió mucho.
Yo iba rumbo al mercadito de los beduinos, cuando me atajó el hijo del verdulero y me preguntó si iba para allá, y me avisó que estaba cerrado.
Cuando le pregunté la razón, me dijo que había muerto uno de los muchachos.
Me dijo que era el que estaba siempre en la caja y las piernas me temblaron. Un muchacho tan joven!! Treinta y dos años, me dijo el hijo del verdulero.
Qué pena. Ya no tendría con quién hablar sobre lo difícil que se hace dejar el cigarrillo, festejando el logro de varios días sin fumar, o reírnos por alguna pavada.
La relación no daba para más que eso, porque mis conocimientos de hebreo apenas dan para eso...
No era la noticia de la muerte de un amigo, ni la de la madre de una amiga de toda la vida, ni la de una ex alumna, pero por alguna razón me dolió muchísimo. Tal vez en esa muerte volvía a sentir todas las muertes del mes, no lo sé...
Me quedé muy triste, tanto que hasta me costó volver, pasada una semana, a comprar leche al mercadito...
Mientras caminaba hacia allá recordaba las veces que el muchacho escuchaba mi mp3 para conocer la música que escucho, o buscaba especialmente para mí las galletas de arroz...
El mercadito ya no sería lo mismo, sin mi cajero amigo.
Cuando llegué, lo primero que vi fue su cara sonriente que me saludaba. Está vivo!!! Sí, está vivo!!!
Después me enteré que el que había muerto era otro de los muchachos, pobre.
Se ve que el pibe de la verdulería se confundió.
Ojalá todas las muertes de este mes hubieran sido noticias equivocadas...
En fin, a vivir la vida, que es bella y es corta!
















