sábado, 30 de octubre de 2010

Miguel Hernández

Hoy, 30 de octubre se cumplen cien años del nacimiento de Miguel Hernández, el gran poeta y dramaturgo. Mi amiga Lola Mariné ha tenido la hermosa propuesta de que publiquemos un poema suyo en cada blog. 
Aquí mi homenaje:








Guiando un tribunal de tiburones,
como con dos guadañas eclipsadas,
con dos cejas tiznadas y cortadas,
de tiznar y cortar los corazones,


en el mío has entrado, y en él pones
una red de raíces irritadas
que avariciosamente acaparadas
tiene en su territorio sus pasiones.


Sal de mi corazón, del que me has hecho
un girasol sumiso y amarillo
al dictamen solar que tu ojo envía:


un terrón para siempre insatisfecho,
un pez embotellado y un martillo
harto de golpear en la herrería.


De "El Rayo que no Cesa"

sábado, 16 de octubre de 2010

Hola a todos!!



El lugar más seguro para un barco es el puerto.
Pero no fueron construídos para permanecer allí !!






Lo que a veces creemos definitivo, puede no serlo.
Extrañé mucho este espacio y por eso decidí volver. Con un barco más pequeño, como alguien me aconsejó en su momento. Con muchas ganas de reencontrarme con mis amigos y compartir buenas ondas.

Bienvenidos a mi barco!!!


video




CHARLY DESCUBRIÓ SUS TALENTOS DE CAZADOR

Nuestro amado bebé Charly, el gato más consentido, mimado y cuidado de todo el planeta (consentido, mimado y cuidado por mí y por sus hermanos gatos) ha descubierto sus talentos para la caza y ha tomado esta actividad con entusiasmo y apasionamiento .
Ahora es habitual escucharlo maullar sin cesar, avisando que hay un bicho en la casa. Llega hasta donde yo esté y reclama mi presencia. No se queda tranquilo hasta asegurarse de que estoy al tanto de la situación. Recién en ese momento comienza su ritual de acecho, que puede durar varias horas.

Cuando consigue atrapar a su presa, lo que hace es jugar con ella, demostrarle su poder, y... traérmela de regalo!!
Cualquiera en mi situación podría sentirse muy feliz de tener un gato que expresa su cariño con regalitos vivientes. A mí me resulta muy desagradable.
La semana pasada estuve una hora dando reiki a un pobre grillo que había quedado medio aplastado y muy asustado por los jueguitos felinos. Por suerte se recuperó perfectamente.

El lugar preferido de Charly para hacer entrega de sus presentes es la cama. Su horario predilecto, la madrugada.
No me queda otra que interrumpir mi sueño para sacar la polilla por la ventana o encontrar un sitio seguro para el saltamontes que me haya traído.
Charly se queja, se ofende, se enoja... y finalmente comprende, se duerme ronroneando por mis mimos, y todo vuelve a la normalidad.




Pero una madrugada el joven bigotudo se presentó en mi cama con una cucaracha.
Es algo más fuerte que yo. No puedo con ese tema. Las cucarachas me producen rechazo, impresión, asco.
He tratado de vencer este prejuicio y algún entendido me ha dicho cosas admirables de estos bichos, su organización social, costumbres y ética. Pero no existe nada que ayude cuando se trata de mi aversión a las cucarachas.

Desde el momento de su maullido, mi registro de que algo sucedía, mi intuición de que ese algo no era un simpático grillito, el encender la luz, ver la asquerosa cuca sobre la cama, a pegar un salto y quedar parada sobre la almohada con la espalda pegadísima contra la pared... en total habrán pasado cuatro décimas de segundo.

El valiente Lolo salió disparado hacia un lugar lejano, corriendo rápidamente, agachadito y con su cola baja, como de costumbre.
Bruno bostezó, se estiró, la miró, me miró, volvió a mirar a la cuca, y se volvió a quedar dormido, como de costumbre.
Charly gritaba contento, reclamaba que acepte su regalo.




Petrificada, horrorizada, yo trataba de controlar esa electricidad que me corría por todo el cuerpo mientras me decía a mí misma que ella era chiquitita y yo grandota y la que temiese debería ser ella.

La cuca movía sus antenas y patas por la cama, como Pancho por su casa.

En un arranque de valor (que se parecía mucho a un ataque de pánico, en realidad) salté de la cama, me calcé las chinelas y tomé una zapatilla como arma.
Lo que siguió fue una alocada persecución por toda la casa, que culminó con su asesinato en un rincón de la cocina.
No he sentido la más mínima culpa.

Luego de cambiar sábanas, lavar los pisos y tirar cuatro litros de lavandina por los distintos desagües y rejillas, pasé la noche con la luces encendidas , temiendo la llegada de la familia de cucarachas en su operación de venganza por la que yo había matado.

La situación fue tan cómica que a pesar del miedo y el asquito, no podía parar de reirme.

Amo a los animales. No como carne. Trato de ser respetuosa con todos los seres vivos.
Pero con algunos bichos, como las cucarachas, el rechazo es total.
Es una contradicción, y no es la única en mi vida.

Y ustedes, cómo se llevan con las cucarachas?


.