jueves, 22 de septiembre de 2011

La Historia de Mushkil Gushá

Hola, mis amigos. Hacía muchísimo que no pasaba por la blogósfera, y hoy cuento con un poco más de energías, entonces decido regresar, de a poquito y sin grandes exigencias.
Aquí el calor se siente demasiado y mi salud acusa recibo. Nada grave, pero mis fuerzas no dan para estar sentada a la computadora mucho tiempo, en la habitación más calurosa de la casa.
De vez en cuando paso un rato y me comunico a través de fb (sí, tengo una nueva cuenta de fb, juah juah)
Por lo demás, mi vida transcurre con alegría y estoy viendo venir algunos cambios, que seguramente serán para bien.

Quienes ya me conocen saben muy bien que soy una persona de fe. Creo que somos algo más que un cuerpo, que existe una energía superior, y que esa energía se da en mil modos diferentes, se  presenta en nuestra vida. Si convocamos las energías estarán siempre para ayudarnos, porque en realidad son parte nuestra.
Creo además que tener fe y esperanza hace que todo se resuelva de mejor modo y más rápidamente.





Cuando estudiaba Puesta en Escena, en una clase de Antropología, un compañero contó una historia que nos dejó a todos muy asombrados. En una situación de gran peligro, salvó su vida gracias a contar un cuento mágico y compartir algo para comer con otras personas. Todos quedamos impactados y pedimos que nos trajera el relato, así fue que en la siguiente clase se leyó La Historia de Mushkil Gushá, un relato tradicional de Irán, que tiene una energía muy particular y se cuenta las noches de los jueves.
Se supone que al contar ese cuento, los días jueves por la noche y compartir unos dátiles con alguien, se está convocando al espíritu del Disipador de todas las Dificultades y los participantes verán cómo en su vida todo adquiere el mejor lugar y llegan las soluciones a todos sus problemas.

Unos días después de haber leído ese cuento en clase, íbamos cuatro compañeros en un fitito que se caía a pedazos (literalmente). Dos muchachos, una chica con nueve meses de embarazo, y yo.
De pronto comenzó a  llover a baldes, no se veía a un metro de distancia y fuimos a dar a una calle inundada. El agua subía cada vez más y pasaba las ventanillas. Adentro también comenzó a entrar agua y tuvimos que levantar nuestros pies para no mojarlos.
El fitito se encastró, por decirlo así, contra unos fierros, lo que nos dio cierta tranquilidad, ya que el motor se paró y según dijeron los hombres, entendidos en el tema, se habría mojado todo adentro y ya no podría arrancar.
Estábamos parados en medio de un río que arrastraba todo con muchísima fuerza, a pesar de que era de tarde el cielo se puso oscuro y la cosa comenzó a atemorizarnos.En esa época no había celulares...

Uno de los chicos dijo que cuando parase un poco de llover y se pudiera ver, él iría nadando a pedir ayuda.
La chica embarazada, Liliana, se empezó a sentir muy mal, lloraba y gritaba, como en un ataque de nervios y por más que tratábamos de tranquilizarla no lo lográbamos.
Hicimos barquitos de papel y los poníamos en el agua, adentro del auto, pasaban debajo de los asientos, y viajaban de un lado al otro.

Era jueves. Nos acordamos del cuento mágico de Mushkil Gushá y decidimos contarlo, a pesar de que no era de noche, el cielo estaba negrísimo y todos decidimos que eso valía como si fuera la noche. Hicimos un pozo común de caramelos y pastillas que llevábamos en los bolsillos, lo que compartimos a modo de dátiles.

Sólo habíamos escuchado el cuento una vez, así que lo fuimos reconstruyendo entre todos, cada uno iba contando la parte que recordaba... Sin darnos cuenta, al concentrarnos en la historia nos fuimos relajando y hasta nos estábamos riendo. Cuando terminamos de contarla dejó de llover.
El fitito se movió de donde estaba trabado, el agua nos llevaba como si fuese un barquito, despacio, hasta pasando la esquina. No había coches ahí y  luego de unos metros de mayor profundidad había un lugar donde el agua bajaba, ya casi a la altura de las ruedas. Ahí el coche se quedó parado.
El conductor dio vuelta a la llave y el coche arrancó. Todos estábamos seguros de que así iba a ser.
En poco tiempo cada uno estaba en su casa, seguros, tranquilos, con una anécdota que jamás olvidaríamos.

Al jueves siguiente nació la nena de Liliana. Nos juntamos unos cuantos en la plaza de san Telmo a leer el cuento de Mushkil Gushá y compartir unos sanguchitos, se nos sumaron unos chicos que había en la plaza.
A pesar de que prometimos seguir la tradición, por una cosa o la otra lo dejamos ahí y nunca más nos volvimos a juntar para compartir la historia mágica.

A lo largo de mi vida, unas cuantas veces he recurrido a esta historia, para resolver problemas o para que se le resuelvan a algunos amigos. Siempre dio buen resultado, siempre nos sorprendimos del mejor modo.

Hoy una amiga y su familia están pasando por un momento muy duro, por una situación límite de esas que son muy difíciles de sostener.
Yo siento mucha impotencia porque no puedo ayudarlos concretamente en nada. Vengo rezando, pidiendo, poniendo mi mejor energía para que sus problemas se solucionen cuanto antes y mi amiga y su familia puedan respirar tranquilos.
Decidí reabrir el blog hoy por el gran amor que siento por esta hermana que la vida me regaló a través de internet.
Quisiera cenar con ellos y compartir unos dátiles, y el único modo que se me ocurre es dedicarles la lectura de La historia de Mushkil Gushá.

Y acá dejo la grabación, es larga, quienes tengan un ratito, quienes tengan paciencia, y sobre todas las cosas quienes tengan algún problema y quieran que se resuelva, les pido que la escuchen, que compartan algo de comer, lo que sea, y que por este medio estemos reunidos, compartiendo esta magia.

QUE SE DISIPEN TODAS LAS DIFICULTADES,  QUE DISFRUTEMOS TODOS DE UN TECHO QUE NOS DÉ SEGURIDAD Y AMPARO. NUESTRA CASA, DONDE SER FELICES, DONDE VIVIR CON AMOR, SALUD, ALEGRÍA, CREATIVIDAD, VIDA.








lunes, 27 de junio de 2011

Arte Poética

Amo la poesía desde siempre. 
Tenía diez años y ya pasaba tardes enteras en la biblioteca, acompañada por Juan Ramón Jiménez, Alfonsina y Lorca, entre otros.
Cuando conocí a Alejandra Pizarnik sentí una revelación profunda. 
Mi adolescencia se dividió en antes y después de Alejandra.

En algún momento de mi vida escribí poesía. Quién no? El enamorarnos nos hace creer poetas... Pero siempre tuve el buen criterio de guardar mis papeles en el cajón y disfrutar lo que escriben los que sí saben hacerlo.

Me considero un alma sensible al arte en general, aún aquellas disciplinas de las que no entiendo absolutamente nada y me resulta muy pero muy molesto tener que presenciar faltas de respeto en nombre de la libre expresión. Por mí que todos hagan lo que quieran, pero por qué tengo que ser espectadora?


 
La conocí en Mar del Plata, en un encuentro de estudiantes de teatro que duró una semana. 
En un momento estúpido de los que suelo tener comenté que amaba la poesía, que podía estar horas leyendo, que me nutría el alma y no sé cuantas otras cosas de las que me arrepentí profundísimamente.
Ella se ofreció entusiasmada a leerme su producción artística y antes de que pudiera responderle ya estaba castigándome con uno de sus versitos.
No valió de nada que le explicase que yo no soy una entendida, tampoco que le aconsejase tomarse una etapa de soledad para para releer todos sus trabajos para pulir y descartar (y descartar, y descartar, y descartar... )

Asesina del arte, coleccionista de frases hechas y lugares comunes, especialista en hacer rimar diminutivos o en terminar cada verso en un infinitivo, tenía la cara más dura que una bigornia y fue la tortura que arruinó esos días maravillosos. Para decirlo en su estilo, la nube negra que ensombreció mi horizonte soleado.

No había modo de evitarla, se las ingeniaba siempre para encontrarme y a pesar de mis mil modos de rechazo, insistía sádicamente.

Una tarde, mientras yo montaba las luces para la representación de esa noche, esta chica de la cual no recuerdo su nombre, se subió a una tarima, libretita en mano, a declamar sobre rosas hermosas, margaritas marchitas y corazones rotos en mil pedazos.
A través del vidrio yo podía ver a mi amiga Alejandra, que me hacía burlas y reía de mi desgracia. Detrás, el mar. Juro que pasó por mi mente la fantasía de sumergir a este insoportable personaje, con un yunque atado al cuello!

En otro momento, yo estaba en la ducha del vestuario, tarareando alegremente mientras me enjabonaba, cuando de pronto vi su sombra acercarse, con la temida libreta...



Entré en pánico, me enjuagué mal el pelo, me sequé así nomás, y salí corriendo. Huí de sus lluvias renovadoras, caricias anheladas y sobre todas las cosas de ese amor para siempre que le hacía ver todo color rosado, sin olvidar los oh, ah, y ay que daban sabor a la cosa.

El último día del encuentro llegaron las despedidas, los intercambios de direcciones, las promesas de visitas a las distintas ciudades del interior que la mayoría de las veces quedaban en la nada.
No sentí la más mínima culpa cuando le di una dirección falsa a la falsa escritora.
Y supongo que todos debemos haber hecho lo mismo.




viernes, 18 de marzo de 2011

Me enamoré

Hola a todos. Hoy hemos hecho cambio de roles con mi mamama, ella duerme la siesta y yo escribo en la computadora, jijimiauuu
Les tengo que contar un secreto. No es que confíe tanto en ustedes, pero si no lo digo, exploto:
Me enamoré!!!




Así como lo leen. Me la paso pensando en ella todo el tiempo y veo la vida hermosa a través de este dulce sentimiento.
Confieso que después de la decepción que tuve con Lulú no volví a enamorarme ni tuve ganas de hacerlo.
En realidad lo que debo confesar es que no sólo no tuve ganas, sino que quedé muy aterrorizado.
El miedo no es sonso, dice siempre mi abuelo...
Pero Marina dice que el miedo es lo contrario del amor, y yo creo que ella tiene razón.

Hoy el sol ha salido nuevamente en el horizonte sentimental de mi gatuna vida y puedo maullar con alegría que me enamoré!!




El tema es que la bella princesa que ha inspirado mis nobles sentimientos vive muy lejos de aquí, cruzando las grandes aguas.
Sí, sí, se dan cuenta de lo terrible que es esto? Un amor a larga distancia!!! Por internet!!
A juzgar por como le fue a Marina enamorándose online, sé que no me conviene ni pensarlo, jijimiauuu. Pero este caso es diferente ya que cuento con referencias y sé que no me voy a llevar ninguna fea sorpresa.

Ustedes se peguntarán qué dice ella.

Ella todavía no dice nada, porque ni siquiera tiene conocimiento de mi felina existencia, miau!

Tendré que ingeniármelas para tomar contacto con ella y que en la comunicación se dé la oportunidad de que descubra mis encantos, pero hasta ahora no se me ocurre cómo.
De sólo pensarlo me pongo tan nervioso que me tiemblan los bigotes...




Que cómo la conocí? Leyendo los correos de Marina, una tarde de aburrimiento.
Una familiar de mi amada princesa le envía fotos a mi mamama y desde la primera vez que apareció ante mis lindos ojitos una imagen de ella... mi corazoncito palpita enamorado de su suave pelaje beige y esos gestos ternurosos y femeninos.

Oh, el amor! Oh, miauuuuu!

Yo les iré poniendo al tanto de mi love story. Lo que les pido es que me aconsejen y me ayuden, me digan tácticas de seducción y truquitos para enamorarla, que estoy seguro todos ustedes tendrán muchos.

Y ahora se las presento, esta es la bellísima Tila:



No existe nada tan bello en este mundo, miauuuuuuuu!!!!



martes, 8 de marzo de 2011

Día de la Mujer



Mientras haya mujeres que sufran por serlo, seguiremos celebrando esta fecha.
No tuve tiempo de hacer nada, mis amigas, les dedico nuevamente el video del año pasado.
A ustedes y a los hombres que nos valoran y respetan, que por suerte cada vez son más.
Marina. 

jueves, 3 de marzo de 2011

Hay gente que se ofende por cualquier cosita.

Creo que ya he comentado algunas veces que se me paran los pelos cada vez que recibo cadenas, spam, reenvíos con direcciones a la vista, etc etc. 
Me pone loca la irresponsabilidad de la gente para manejar una herraienta que es tan sencilla como el correo electrónico.
En realidad lo que me hace perder la paciencia es cuando después de explicar detalladamente el uso del correo y las medidas de prevención y respeto que se deben tomar, la gente sigue haciendo lo que se le canta y enviando mi dirección a la vista en cuanta presentación, chiste, foto porno o receta de cocina repartan por la red.

Hoy recibí un correo con una presentación en power point. 
Alguien molesto por este tema se ha tomado el trabajo de explicar detalladamente y con la pedagogía suficiente como para que lo entienda cualquiera, el manejo del correo electrónico, el uso d e CCO, y la necesidad de borrar siempre las direcciones de los mensajes antes de reenviarlos.






 
El caso es que esta presentación me llegó en un correo que tenía las direcciones a la vista. Algo más o menos así:



Morí de risa y le contesté a este pariente inmediatamente:




Pueden creer que se ofendió?? 
Se enojó por mi respuesta, sí!! Hay gente que está cada día más loca!!!

Y ustedes, cómo se manejan con estos temas? 


EDITO: No fui clara!! Si me maté de risa fue porque en el envío del mail cometía el error del que hablaba el pps. No era ninguna joda! Y las direcciones de la lista están cambiadas por mí (por eso dije algo más o menos así)

sábado, 26 de febrero de 2011

Aplausos especiales



Cuando éramos adolescentes, un viernes con muchas ganas de hacer algo distinto viajamos con Carolina a Mar del Plata, ciudad que siempre amé y en la que siempre estuve feliz, hasta en los momentos menos felices...
En esa época mis padres tenían un departamentito allí y yo disponía de un juego de llaves.
Habiendo llegado al departamento, decidimos la salida de esa noche: un partido de basquet.
Lo gracioso, y que tengo que aclarar, es que vivíamos en Bahía Blanca, cuidad autoproclamada "capital del basquetball" y si había algo que hacíamos con asiduidad era ver buen basquet.


Bueno, la cosa es que cuando estaba por comenzar el partido, se cortó la luz!

De no creer!! Terminé de escribir esta frase y se cortó la luz en casa, las puteadas se mezclaron con las risas, juah juah juah. Sigo contándoles la historia, y espero que no vuelva a cortarse la electricidad porque desistiré de postear hoy.

Como les decía, estaba por comenzar el partido y se cortó la luz. Los organizadores distribuyeron unos faroles por el estadio y pidieron que nos quedáramos sentados porque en cualquier momento retornaría la energía eléctrica y comenzaría el espectáculo deportivo.





Al principio charlamos con mi amiga y esperamos pacientemente. Luego de media horita comenzamos a aburrirnos y se nos acabaron las golosinas.
De vez en cuando se escuchaban algunos aplausos en reclamo por la situación, más bien una expresión popular de la incomodidad y la ansiedad reinantes.
Comenzamos a observar la tribuna y analizar el proceso de los aplausos, su ritmo, duración, origen, generadores y etcéteras.
Luego de un profundo estudio supimos que dos muchachos eran los responsables de cada secuencia de aplausos. Dos lindos muchachos, debería decir. O como decíamos cuando yo era adolescente: dos muchachos que estaban re fuertes, que se partían al medio de lo buenos que estaban...
Supusimos que serían basquetbolistas por la altura y la presencia.

Yo quise que nos acercáramos a hablar con ellos con cualquier excusa, pero Carolina no estuvo de acuerdo. Dijo que íbamos a quedar como dos "busconas" y que además no nos iban a dar la más mínima bolilla a dos petizas como nosotras. Ante ese argumento, cerré mi boca.

Cuando el silencio se hacía muy largo, estos dos muchachos se miraban, o se codeaban, o hacían alguna señal y comenzaban a aplaudir marcando un ritmo. Su energía, seguridad y actitud eran tan precisas que a los pocos segundos estaba toda la tribuna siguiendo el ritmo con las palmas.
Esos muchachos pasaron a ser nuestros ídolos. Los bautizamos como los mueve masas y estábamos tan atentas a ellos que ya nos habíamos olvidado del partido postergado.

Nuestra admiración por los muchachos nos hizo querer imitarlos y nos propusimos mover las masas con nuestro aplauso.
Entre las dos acordamos un ritmo, algo así como tatatá ta-tá y esperamos el momento indicado para hacerlo con la intención de que todos los presentes nos siguieran.
Nos miramos, sonreímos, y arrancamos!



TATATÁ  TA - TÁ
TATATÁ  TA - TÁ
TATATÁ  TA - TÁ

Nada! Nadie nos seguía! Pero nosotras no íbamos a rendirnos tan fácilmente. Seguimos con nuestro ritmo, esperanzadas en que la gente se diera cuenta de que nosotras también éramos líderes energéticas.

TATATÁ  TA - TÁ

Seguíamos aplaudiendo solitas y en un intento de darle entusiasmo y fuerza a la cosa, Carolina se paró y siguió aplaudiendo de pie.
Yo no la iba a dejar sola, claro. Así que también me paré y juntas seguimos con lo nuestro:

TATATÁ  TA - TÁ!
TATATÁ  TA - TÁ!!

Algunos nos miraban, pero nadie nos seguía. Fracaso contundente y demoledor!

Cuando volvimos a sentarnos empezamos a reír. No podíamos parar con las carcajadas. 

- Nosotras no movemos ni las masitas de confitería, juah juah juah juah!!

- Es porque somos petizas, la acústica no nos favorece, jo jo jo jo!!!


Tan entretenidas estábamos en reírnos de nuestro fracaso, que no nos dimos cuenta de que se habían acercado los basquetbolistas aplaudidores y estaban en cuclillas, uno a cada lado de nosotras. Cuando comenzaron a acompañarnos con las risas, los registramos.
Sin pensarlo, comencé sola con la secuencia de aplauso:

TATATÁ  TA - TÁ

Los chicos se sumaron inmediatamente y el estadio completo se hizo eco de nuestro aplauso

TATATÁ  TA - TÁ
TATATÁ  TA - TÁ!




Nosotras no movimos ni las masitas de confitería, pero terminamos teniendo con nosotras a los que sí sabían hacerlo!!
El partido se suspendió porque la electricidad no volvió, y amanecimos charlando en la playa, con estos muchachos que resultaron unos divinos.
Uno de ellos, Ernesto, terminó viviendo en Bahía Blanca y es el marido de Carolina.
Ayer recibí un email de ellos en el que me cuentan que son abuelos de mellizos, y que cuando Ernesto acompañó a su hijo al Registro Civil para inscribir a los bebés, justo hubo un corte de luz y él hizo nuestra secuencia:

TATATÁ  TA - TÁ
TATATÁ  TA - TÁ
TATATÁ  TA - TÁ

No ha perdido el carisma. Dice que toda la gente presente se sumó al aplauso.

(y yo aplaudo porque pude terminar con este post antes de que vuelva a cortarse la electricidad, ja ja ja)
Buen fin de semana para todos!!!

Uyyyy, se cortó la luz nuevamente, bueno, ahora que volvió, publico. Disculpen si no está lo prolijito que quisiera, pero se llega a cortar nuevamente la luz y mis vecinos veran volar un monitor por la ventana, ja jaja

lunes, 14 de febrero de 2011

En este día y todos los días...



Videíto hecho para ustedes, con todo mi amor.


viernes, 11 de febrero de 2011

Una verdad dolorosa

Una de las cosas que me molestan e incomodan en la vida es hacer trámites. Con todo lo que implica: tiempos de espera, faltas de respeto, cuestiones absurdas, y sobre todo: actos de corrupción.
Me refiero a esos pequeños actos de corrupción como adelantar el turno, que para muchos puede pasar por un gesto de viveza criolla, pero para mí  son signo importante de lo que es capaz de hacer una persona. Estoy segurísima de que los grandes corruptos comenzaron colándose en la farmacia.

Siempre estuve orgullosa de la herencia familiar de principios morales inquebrantables que brindan tranquilidad de conciencia.

Pero la vida nos trae decepciones y a veces hasta la figura admirada de LA MADRE puede caer del pedestal y perder el único rasgo de modelo imitable que le quedaba. Bueno, el único no... pero casi.
De pronto he tomado cuenta de una realidad dolorosísima: descubrí en mi propia historia un terrible acto de corrupción, del que sin quererlo, además, he sido cómplice.

Me siento decepcionada pero lo superaré. Claro que lo superaré! Yo soy una mujer adulta y no voy a permitir que un suceso pasado derrumbe mi presente. 
Pero duele. Cómo duele!

Luego de hablar por teléfono con mamá y por una referencia de ella a las vacunas de mi niñez, me quedé con los recuerdos de la infancia y las visitas al Dispensario de Bahía Blanca, único lugar donde se aplicaban las vacunas y al que debía llegarse en la madrugada para obtener un turno... con la resignación a estar allí dentro hasta la noche.
Tuve la imagen perfecta como una película en mi cabeza. Llegar a ese edificio grande y lleno de gente. Tanto ruido, tantos chicos llorando, tantas madres gritando.
Como flashes, las distintas escenas se iban montando mientras sentía olor a mertiolate.
Las jeringas gruesas de vidrio, algunas hirviendo en un jarro sobre una hornalla. 
El frío del aparato sobre mi espalda, cuando me hacían la placa toráxica.
La cola que daba vueltas y vueltas y no se sabía dónde empezaba y dónde terminaba.




Y también llegó muy definido, el recuerdo de la señora Élida.
No sé muy bien si la señora Élida era enfermera, administrativa o portera. Lo que recordé muy claramente es que cuando llegábamos al dispensario mi madre me arrastraba de la mano con decisión y seguridad y llegábamos a una oficinita donde estaba esta señora.
Entre sonrisas y abrazos la señora le entregaba un catálogo a mami y de ahí salíamos con una gran bolsa llena de productos Bestline. Detergentes carísimos, limpia alfombras innecesarios, frascos y botellones que luego mamá regalaría a mis tías y ni siquiera sabía para qué se usaban.




La señora Élida después de concretar su venta nos llevaba a los distintos consultorios por las puertas traseras y nos hacía atender en el momento.

Y ahora, después de tantos años, vengo a enterarme! Mi madre una corrupta!! Yo, su inocente cómplice!
Hoy me toca comprender que los principios y valores de los que tan orgullosa estaba, no eran más que teoría. En la práctica mi madre me había dado el peor de los ejemplos. 
Y con lo lenta que soy para que me caigan algunas fichas, ya ven... a los cuarenta y ocho me estoy desayunando del proceder mafioso de mi mámele.

Fraude!!! -grité con bronca- Los gatos corrieron presurosos en mi ayuda.
Tuve el impulso de llamarla por teléfono para reclamarle... pero me sentí muy ridícula y preferí dormir la siesta para olvidarme del asunto.

Mi descanso no fue tal, ya que en sueños me visitaron Marilyn Manson y Diamanda Galás cantándome: "Hija de corruptaaaaaa, hija de corruptaaaaa ♪♫ hija de corruptaaaaaaaa ♪♫"

Me desperté y qué otra cosa podía hacer que venir a contarles a ustedes.



lunes, 31 de enero de 2011

Fiesta!!!

Se me hizo tarde, tuve problemas técnicos y la música no está, no tengo tiempo y ya me han dejado mensajes con buenas ondas por el cumpleblog...



Mejor me doy un bañito...



Me pongo bella como una estrella...


Y ahora sí , que empiece la fiesta!!




Les agradezco de todo corazón a ustedes que me visitan, me apoyan, me dan  fuerzas y motivos para seguir adelante.
Sin ustedes, nada de esto tendría sentido...





No voy a hablar de lo que el blog significa para mí porque ya todos lo saben y no tengo ganas de aburrirlos.
Hoy estoy feliz, como cada año cuando llega esta fecha y se juntan los festejos.
Este año, por muchas y variadas razones, recibo mi cumpleaños con mayor alegría y agradecimiento que nunca.


Pasen, diviértánse, están en su casa!!!
Y como la música falló, espero que me regalen algún temita para alegrar la fiesta.


Y a las 12 de la noche, miren por las ventanas, porque verán algo muy lindo...

 
Abrazos y besos para todooooos!!!!








sábado, 29 de enero de 2011

El señor adolorido

El título de este post es el que en un principio había nacido como el de una obra de teatro. Una de las muchas obras de teatro que se me ocurrieron mientras estuve internada y que tenían una gran originalidad, creatividad y en su momento me parecieron brillantes.
Luego me di cuenta de que las maravillosas obras de teatro que nacieron en mi mente no eran fruto de mi creatividad, sino de los opiáceos que me daban para calmar los dolores.
Con narcóticos o sin ellos, tal vez en algún momento me decida a escribir esas obras teatrales. 
Por ahora les contaré la historia de uno de los personajes.


Una de las primeras noches en la sala de terapia intensiva, trajeron e instalaron frente a mi cama a un señor que se quejaba constantemente.
Al rato de haberlo puesto en su cama, el señor comenzó a gritar de un modo muy angustioso, signo de que se  estaba muriendo de dolor.
De inmediato se presentó una de las enfermeras y cerró la cortinita. Se podía escuchar que hablaban en ruso. Él hablaba en un grito, en un llanto, en una queja...
La enfermera se retiró y el señor seguía gritando, cada vez con mayor volumen, intensidad y expresión.

Los enfermos que estaban a un lado y otro lado de su cama, le chistaban todo el tiempo para que no gritase tan fuerte.



Era un hombre joven, de unos cincuenta y cinco años, aproximadamente. 
A pesar de estar recién ingresado tenía buen semblante. Por alguna razón que yo ignoraba, no tenía caños ni drenajes puestos. Sólo los cables del monitoreo cardíaco.
Por momentos lo escuchaba gritar a la vez que lo veía girar hacia un lado y a otro en su cama. No entendía cómo podía, ya que el dolor era demasiado fuerte como para permitir ese movimiento, pero pensaba que su desesperación era tan grande que no podía evitar el movimiento...

Hubo un momento en la noche en que el señor adolorido comenzó a gritar desesperadamente. Escucharlo quejarse era muy angustiante. 
Sumar al dolor físico la impotencia de sentir que alguien está sufriendo mucho más aún y no poder ayudarlo, es realmente algo muy feo, y llega un momento en que pesa más el sufrimiento del otro que los propios dolores.

Nos mirábamos con la viejita de la cama de al lado. A las dos nos estaba dando muchísima pena el pobre hombre y las dos estábamos sintiendo la misma impotencia...

Lo raro es que las enfermeras no acudieran a ayudarlo. 
Raro, realmente rarísimo. Porque la atención era  excelente y todas las enfermeras estaban muy atentas a todos y en todo momento.

Pasado un largo rato se acerco Karina, una enfermera estilo vedette con una voz muy sugestiva, le cerró su cortinita por completo sin darle la más mínima bolilla, y nos preguntó a la viejita y a mí si necesitábamos algo, agua, o lo que fuera, con total amabilidad y dulzura.

Interpreté la actitud de la enfermera como un modo de dejar claro que este hombre estaba exagerando un poco. Pero pensé que es imposible saber hasta dónde duele o no algo. 
Todos tenemos diferentes sensibilidades, y también diferentes niveles de tolerancia al dolor. Si este hombre realmente no daba más??

Cuando el señor adolorido quedó en silencio la enfermera se acercó a verlo.





En la mañana, como todas las mañanas, pasó el enfermero de peluquín a sacarnos sangre para los análisis. Colocaba una agujita con una especie de mariposa del lado interno del codo, y de ahí llenaba todos los tubitos.

Cuando le llegó el turno a mi vecino de enfrente no pude creer lo que mis ojos veían!! 
En un principio se negaba a la extracción, como si fuese un niño! 
Luego pegó un grito terrible mientras el enfermero le ponía la agujita, acompañando esto con exageradísimos  gestos en su rostro, como si lo estuviesen torturando.
Una vez que el enfermero terminó su trámite, el hombre quedó tomando su brazo con la otra mano, gritando repetidamente, como la noche anterior, mientras giraba hacia un lado y otro lado. Nuevamente me preguntaba cómo hacía para moverse tanto...

En un momento lo vi como uno de esos futbolistas que se agarran el pie y giran hacia un lado y al otro, exagerando alevosamente... 

Nos miramos con la viejita de al lado y nos matamos de risa!!!





Más tarde me enteré de que ese señor no estaba operado del corazón. Estaba internado en esa sala para tener seguimiento cardíaco, pero había pasado por una laparoscopia de vesícula.
Al enterarme de esto, tuve ganas de gritarle: No podéssss!!!!

Y me quedé reflexionando... 
Muchas veces quienes más se quejan de sufrimientos, tanto físicos como emocionales, son quienes menos sufren. 
O incluso quienes hacen sufrir a los demás...










Importante Recordatorio


El día 31 de enero este blog cumple sus primeros tres añitos.

El día 1 de febrero yo cumplo mis primeros 48 añitos. 

Habrá celebración, como corresponde!!!






sábado, 22 de enero de 2011

Volviendo al ruedo

Hola, mis queridos amigos!!! Hoy escribo aquí para contarles que cada día estoy un poquito mejor y poniéndole onda a la cosa. 
Si me vieran subir las escaleras onda Speedy González disfrutarían conmigo del cambio logrado desde que vine del hospital.
Falta bastante aún y tengo que poner buena actitud y paciencia. Esa es la lección más difícil para mí, estoy ansiosa por hacer todo como antes y a la velocidad de antes. Necesito cambiar mi cabeza y lo estoy intentando.

Me siento muy feliz. Tengo el amor y el apoyo de amigos de fierro que me cuidan y me miman y están pendientes de mí todo el tiempo. Me refiero a los que están acá y también a los que desde lejos están tan cerca.
Aunque no he contestado todos los comentarios, el leerlos y releerlos me ha dado mucha fuerza en todo momento, lo mismo que tantos mail, fotos, tarjetas, regalitos, de ustedes todo el tiempo. 
No sé si ustedes sabrán lo verdaderamente importantes que son para mí y lo mucho que ayudaron a que todo saliera muy bien, y  que siga recuperándome de buen modo. 
Estoy muy agradecida y eso hace que me sienta más feliz aún, los amo con todo mi corazón!!


La mandarina más rica de mi vida


En la semana posterior a la operación, cada movimiento implicaba un desafío que requería de mi gran voluntad, mi creatividad y flexibilidad y obviamente también una gran dosis de tolerancia al dolor o coraje para pasarlo...
Así, sentarme y levantarme del inodoro cada vez que tenía que hacerlo, por dar un ejemplo, significó un logro total que celebré con más alegría que la que sentí al obtener mis títulos universitarios.

Algo les dije sobre la comida del hospital: que era asquerosa. 
Sólo hay una cosa que agregar a esto, y es el detalle de que los horarios no eran los acostumbrados. 
El desayuno lo servían tempranito y el almuerzo al medio día. Pero la cena la daban a las 18.30 horas y cuando llegaban las diez de la noche yo estaba famélica.

Para resolver esta situación, se me ocurrió encanutarme la mandarina de la cena, para comerla a la noche, cuando el hambre me hiciera cantar la panza. 

Ya en una oportunidad les conté mi experiencia como ladrona. Los que recuerden ese post sabrán que no me resultó nada fácil la sustracción de la fruta y lograr que mi rostro no expresara mis intenciones.
Lo primero que hice fue esperar el momento en que nadie miraba hacia mi rinconcito. 
Cada vez que me parecía el momento indicado alguna otra internada me preguntaba algo o pasaba la enfermera a ofrecer más pan.




 Con la mano temblorosa, en el momento preciso, tomé la mandarina y la coloqué en la mesita de luz, debajo de la máscara de oxígeno. Luego volví a tomar agua y poner la mejor cara de "ya terminé de cenar".
Por suerte la chica que retiraba las bandejas hacía su trabajo de un modo automático, y no registró la falta de las cáscaras de fruta. Suspiré aliviada y tomé conciencia de que esto era algo fundamental para mí, pero para el resto del universo la presencia o ausencia de mi mandarina no tenía la más mínima importancia.

El enfermero con peluquín (un dulce) pasó a ayudarme para que volviera a acostarme, mientras llegaba la gordita que nos daba los medicamentos.

Mientras la gordita se acercó a la cama de la señora que estaba a mi lado, sin darse cuenta movió con suficiente fuerza su cadera contra mi mesa de luz (le dio un culazo a la mesita, bah!) y mi mandarina cayó al piso y rodó aproximadamente un metro y medio, quedando cerca del final de mi cama, a la vista de todo el mundo que pasase por allí.

Qué horror!! No sabía qué hacer. No había comido mi fruta para dejarla para la noche, y los acontecimientos parecían castigarme y dejarme sin postre. Tenía que encontrar el modo de recuperarla sin que nadie lo advirtiese. Tenía que usar mi gran inteligencia para lograrlo (?)

Lo primero que hice fue sentarme en la cama. Sentarme sola implicó moverme muy despacito, ir girando sobre el brazo que no tenía operado y contener el aire (y el grito)  en el momento de incorporarme. 
Luego de eso fui dando pequeñísimos pasitos al costado, con la cola y con los pies, como para acercarme a mi amada clementina. 
Cuando ya estaba bien cerca apareció un médico que me sonrió sorprendido porque me había incorporado sola y me preguntó si no me dolía. 
Mi única respuesta fue una amplia sonrisa, y él se fue.




 Despacito despacito, mi pie derecho llegó hasta la fruta y con sumo cuidado la fue girando y acercando a la altura del borde de la cama. 
El plan era perfecto: aprisionaría la mandarina con mis dos pies, luego me inclinaría hacia atrás en la cama, apoyándome sobre el brazo potable, mientras al mismo tiempo los pies subirían y depositarían el dulce botín sobre el colchón. Después vería el modo de llegar con mi mano hasta ella.

El plan era perfecto, pero no contaba con que en el momento de ejecutarlo llegasen a internar otra enferma. 
No había otra opción que acelerar el proceso y subir la fruta al colchón. Así lo hice. En pocos segundos estaba acostada, con la mano doblada bajo mi espalda y con tanto dolor en todas partes que ni se me ocurría hacer nada para liberar la mano atrapada. Entre mis pies se hallaba mi objetivo y yo sonreía contenta, pese a todo.

Luego de un rato pude sacar mi mano, acomodar un poco más derecho el cuerpo y correr el pie hacia afuera y arriba para arrimar la mandarina a la mano.

Pasadas unas horas, disfruté de mi fruta. Les aseguro que esa fue la mandarina más rica de mi vida !!!