sábado, 26 de febrero de 2011

Aplausos especiales



Cuando éramos adolescentes, un viernes con muchas ganas de hacer algo distinto viajamos con Carolina a Mar del Plata, ciudad que siempre amé y en la que siempre estuve feliz, hasta en los momentos menos felices...
En esa época mis padres tenían un departamentito allí y yo disponía de un juego de llaves.
Habiendo llegado al departamento, decidimos la salida de esa noche: un partido de basquet.
Lo gracioso, y que tengo que aclarar, es que vivíamos en Bahía Blanca, cuidad autoproclamada "capital del basquetball" y si había algo que hacíamos con asiduidad era ver buen basquet.


Bueno, la cosa es que cuando estaba por comenzar el partido, se cortó la luz!

De no creer!! Terminé de escribir esta frase y se cortó la luz en casa, las puteadas se mezclaron con las risas, juah juah juah. Sigo contándoles la historia, y espero que no vuelva a cortarse la electricidad porque desistiré de postear hoy.

Como les decía, estaba por comenzar el partido y se cortó la luz. Los organizadores distribuyeron unos faroles por el estadio y pidieron que nos quedáramos sentados porque en cualquier momento retornaría la energía eléctrica y comenzaría el espectáculo deportivo.





Al principio charlamos con mi amiga y esperamos pacientemente. Luego de media horita comenzamos a aburrirnos y se nos acabaron las golosinas.
De vez en cuando se escuchaban algunos aplausos en reclamo por la situación, más bien una expresión popular de la incomodidad y la ansiedad reinantes.
Comenzamos a observar la tribuna y analizar el proceso de los aplausos, su ritmo, duración, origen, generadores y etcéteras.
Luego de un profundo estudio supimos que dos muchachos eran los responsables de cada secuencia de aplausos. Dos lindos muchachos, debería decir. O como decíamos cuando yo era adolescente: dos muchachos que estaban re fuertes, que se partían al medio de lo buenos que estaban...
Supusimos que serían basquetbolistas por la altura y la presencia.

Yo quise que nos acercáramos a hablar con ellos con cualquier excusa, pero Carolina no estuvo de acuerdo. Dijo que íbamos a quedar como dos "busconas" y que además no nos iban a dar la más mínima bolilla a dos petizas como nosotras. Ante ese argumento, cerré mi boca.

Cuando el silencio se hacía muy largo, estos dos muchachos se miraban, o se codeaban, o hacían alguna señal y comenzaban a aplaudir marcando un ritmo. Su energía, seguridad y actitud eran tan precisas que a los pocos segundos estaba toda la tribuna siguiendo el ritmo con las palmas.
Esos muchachos pasaron a ser nuestros ídolos. Los bautizamos como los mueve masas y estábamos tan atentas a ellos que ya nos habíamos olvidado del partido postergado.

Nuestra admiración por los muchachos nos hizo querer imitarlos y nos propusimos mover las masas con nuestro aplauso.
Entre las dos acordamos un ritmo, algo así como tatatá ta-tá y esperamos el momento indicado para hacerlo con la intención de que todos los presentes nos siguieran.
Nos miramos, sonreímos, y arrancamos!



TATATÁ  TA - TÁ
TATATÁ  TA - TÁ
TATATÁ  TA - TÁ

Nada! Nadie nos seguía! Pero nosotras no íbamos a rendirnos tan fácilmente. Seguimos con nuestro ritmo, esperanzadas en que la gente se diera cuenta de que nosotras también éramos líderes energéticas.

TATATÁ  TA - TÁ

Seguíamos aplaudiendo solitas y en un intento de darle entusiasmo y fuerza a la cosa, Carolina se paró y siguió aplaudiendo de pie.
Yo no la iba a dejar sola, claro. Así que también me paré y juntas seguimos con lo nuestro:

TATATÁ  TA - TÁ!
TATATÁ  TA - TÁ!!

Algunos nos miraban, pero nadie nos seguía. Fracaso contundente y demoledor!

Cuando volvimos a sentarnos empezamos a reír. No podíamos parar con las carcajadas. 

- Nosotras no movemos ni las masitas de confitería, juah juah juah juah!!

- Es porque somos petizas, la acústica no nos favorece, jo jo jo jo!!!


Tan entretenidas estábamos en reírnos de nuestro fracaso, que no nos dimos cuenta de que se habían acercado los basquetbolistas aplaudidores y estaban en cuclillas, uno a cada lado de nosotras. Cuando comenzaron a acompañarnos con las risas, los registramos.
Sin pensarlo, comencé sola con la secuencia de aplauso:

TATATÁ  TA - TÁ

Los chicos se sumaron inmediatamente y el estadio completo se hizo eco de nuestro aplauso

TATATÁ  TA - TÁ
TATATÁ  TA - TÁ!




Nosotras no movimos ni las masitas de confitería, pero terminamos teniendo con nosotras a los que sí sabían hacerlo!!
El partido se suspendió porque la electricidad no volvió, y amanecimos charlando en la playa, con estos muchachos que resultaron unos divinos.
Uno de ellos, Ernesto, terminó viviendo en Bahía Blanca y es el marido de Carolina.
Ayer recibí un email de ellos en el que me cuentan que son abuelos de mellizos, y que cuando Ernesto acompañó a su hijo al Registro Civil para inscribir a los bebés, justo hubo un corte de luz y él hizo nuestra secuencia:

TATATÁ  TA - TÁ
TATATÁ  TA - TÁ
TATATÁ  TA - TÁ

No ha perdido el carisma. Dice que toda la gente presente se sumó al aplauso.

(y yo aplaudo porque pude terminar con este post antes de que vuelva a cortarse la electricidad, ja ja ja)
Buen fin de semana para todos!!!

Uyyyy, se cortó la luz nuevamente, bueno, ahora que volvió, publico. Disculpen si no está lo prolijito que quisiera, pero se llega a cortar nuevamente la luz y mis vecinos veran volar un monitor por la ventana, ja jaja

lunes, 14 de febrero de 2011

En este día y todos los días...



Videíto hecho para ustedes, con todo mi amor.


viernes, 11 de febrero de 2011

Una verdad dolorosa

Una de las cosas que me molestan e incomodan en la vida es hacer trámites. Con todo lo que implica: tiempos de espera, faltas de respeto, cuestiones absurdas, y sobre todo: actos de corrupción.
Me refiero a esos pequeños actos de corrupción como adelantar el turno, que para muchos puede pasar por un gesto de viveza criolla, pero para mí  son signo importante de lo que es capaz de hacer una persona. Estoy segurísima de que los grandes corruptos comenzaron colándose en la farmacia.

Siempre estuve orgullosa de la herencia familiar de principios morales inquebrantables que brindan tranquilidad de conciencia.

Pero la vida nos trae decepciones y a veces hasta la figura admirada de LA MADRE puede caer del pedestal y perder el único rasgo de modelo imitable que le quedaba. Bueno, el único no... pero casi.
De pronto he tomado cuenta de una realidad dolorosísima: descubrí en mi propia historia un terrible acto de corrupción, del que sin quererlo, además, he sido cómplice.

Me siento decepcionada pero lo superaré. Claro que lo superaré! Yo soy una mujer adulta y no voy a permitir que un suceso pasado derrumbe mi presente. 
Pero duele. Cómo duele!

Luego de hablar por teléfono con mamá y por una referencia de ella a las vacunas de mi niñez, me quedé con los recuerdos de la infancia y las visitas al Dispensario de Bahía Blanca, único lugar donde se aplicaban las vacunas y al que debía llegarse en la madrugada para obtener un turno... con la resignación a estar allí dentro hasta la noche.
Tuve la imagen perfecta como una película en mi cabeza. Llegar a ese edificio grande y lleno de gente. Tanto ruido, tantos chicos llorando, tantas madres gritando.
Como flashes, las distintas escenas se iban montando mientras sentía olor a mertiolate.
Las jeringas gruesas de vidrio, algunas hirviendo en un jarro sobre una hornalla. 
El frío del aparato sobre mi espalda, cuando me hacían la placa toráxica.
La cola que daba vueltas y vueltas y no se sabía dónde empezaba y dónde terminaba.




Y también llegó muy definido, el recuerdo de la señora Élida.
No sé muy bien si la señora Élida era enfermera, administrativa o portera. Lo que recordé muy claramente es que cuando llegábamos al dispensario mi madre me arrastraba de la mano con decisión y seguridad y llegábamos a una oficinita donde estaba esta señora.
Entre sonrisas y abrazos la señora le entregaba un catálogo a mami y de ahí salíamos con una gran bolsa llena de productos Bestline. Detergentes carísimos, limpia alfombras innecesarios, frascos y botellones que luego mamá regalaría a mis tías y ni siquiera sabía para qué se usaban.




La señora Élida después de concretar su venta nos llevaba a los distintos consultorios por las puertas traseras y nos hacía atender en el momento.

Y ahora, después de tantos años, vengo a enterarme! Mi madre una corrupta!! Yo, su inocente cómplice!
Hoy me toca comprender que los principios y valores de los que tan orgullosa estaba, no eran más que teoría. En la práctica mi madre me había dado el peor de los ejemplos. 
Y con lo lenta que soy para que me caigan algunas fichas, ya ven... a los cuarenta y ocho me estoy desayunando del proceder mafioso de mi mámele.

Fraude!!! -grité con bronca- Los gatos corrieron presurosos en mi ayuda.
Tuve el impulso de llamarla por teléfono para reclamarle... pero me sentí muy ridícula y preferí dormir la siesta para olvidarme del asunto.

Mi descanso no fue tal, ya que en sueños me visitaron Marilyn Manson y Diamanda Galás cantándome: "Hija de corruptaaaaaa, hija de corruptaaaaa ♪♫ hija de corruptaaaaaaaa ♪♫"

Me desperté y qué otra cosa podía hacer que venir a contarles a ustedes.